Lo que necesitas saber sobre impresión 3D

¡Hola a todos! Hoy os traigo la primera entrada invitada del blog. El autor es AEhere, y nos hablará sobre impresión 3D, las  variantes de este proceso que existen en el mercado, y si a día de hoy es factible utilizar dicha tecnología para materializar nuestras creaciones.

 

¿Imprimir miniaturas? ¿Librarse de los tiránicos precios de GW? ¿Qué aficionado no ha entretenido alguna vez estas ilusiones? La impresión 3D se ha popularizado enormemente en los últimos años, haciendo que muchos devotos de Warhammer y otros juegos se interesasen por sus aplicaciones al hobby. En este artículo abordaremos las posibilidades que ofrece y responderemos a algunas preguntas habituales sobre esta tecnología.

 

Yo mismo llevo tiempo con un ojo puesto en ella, en parte por motivos profesionales, y en parte porque soy un friki al que le gusta crear sus propios cacharros. Hace años construí, junto con algunos compañeros, una modesta Prusa i2, y el mundillo me atrapó tanto que me llevó a hacer un proyecto fin de carrera sobre impresión 3D.

 

Empecemos por lo básico: ¿qué es esta brujería?

Hablando con propiedad, la impresión 3D es un proceso de fabricación aditiva, comúnmente usado para prototipado rápido. Esto significa que produce piezas mediante la adición sucesiva de material en el lugar oportuno, y se usa para fabricar prototipos durante el proceso de diseño, no como método principal de producción destinada al consumo. Esto se debe a que la impresión 3D es muy versátil, pero lenta y cara comparada con otros procesos industriales. Si uno desea fabricar 10000 miniaturas iguales, es preferible usar, por ejemplo, un proceso de inyección, pero si se desean 10 prototipos ligeramente diferentes entre sí, la impresión 3D es ideal.

 

Existen dos tecnologías destacables dentro de lo que comúnmente se denomina impresión 3D: la estereolitografía (SLA) y la fabricación por deposición fundida (FDM). La primera es más antigua, más complicada, más cara, más lenta y en general, mucho mejor. La segunda es una solución de compromiso desarrollada a partir de la SLA para atender un mercado creciente, más barata, más sencilla… lo que la ha convertido en la más popular de las dos a día de hoy. Veamos brevemente en qué consisten sus diferencias.

 

La estereolitografía fue concebida y patentada a finales de los 80, y consiste en usar un láser para solidificar la pieza deseada a partir de un baño de una resina especial, cuyo curado puede ser activado mediante este haz láser.  Avanzando capa a capa se puede crear casi cualquier forma imaginable.  Resulta obvio que este es un proceso complejo; no solo es necesario un estricto control en los movimientos del láser, sino que la resina necesaria no es exactamente común. Los costes asociados a este proceso lo dejaron relegado a nichos de mercado durante años, aunque está ganando popularidad a medida que su precio se reduce, como veremos más adelante.

 

La fabricación por deposición fundida es mucho más sencilla: consiste simplemente en calentar un termoplástico hasta que se vuelve maleable (por encima de su temperatura de gel) y depositarlo mediante una boquilla donde se desee. Este proceso también requiere control por ordenador, pero uno mucho menos estricto que en SLA; además el plástico empleado es mucho más barato (opciones habituales son el ABS en entornos industriales o el PLA para usos domésticos, ambos relativamente asequibles).

 

Pero, ¿cuál es la diferencia en el producto final?

Básicamente, una pieza fabricada mediante FDM tendrá, inevitablemente, peor calidad superficial que una realizada por SLA. Como de mala será esta dependerá directamente del grosor de capa empleado durante la fabricación; en el caso de FDM, entre 0.5mm y 0.1mm es lo habitual, mientras que en SLA las capas pueden ser tan delgadas como 0.025mm. Esto puede parecer una diferencia insignificante, y de hecho lo es cuando la pieza que se intenta fabricar es grande; una rugosidad de décimas de milímetro pasa desapercibida sobre, por ejemplo, una pieza de escenografía de 15x15cm. Pero ese mismo defecto sobre una miniatura de 28mm (tamaño Warhammer) es suficiente para hacer que un apuesto príncipe élfico tenga pinta de haber parado un par de bolas de fuego con la cara. Es posible mitigar esto hasta cierto punto dedicando tiempo y esfuerzo a calibrar la impresora, optimizar la orientación de la pieza durante la impresión, controlar la temperatura ambiente y un largo etcétera, pero desgraciadamente no hay forma de evitarlo por completo. Por desgracia, es improbable que la deposición fundida alcance la precisión suficiente para producir miniaturas decentes en el futuro próximo.

 

¿Cuánto cuesta una máquina de éstas?

Actualmente una impresora FDM sencilla puede ser adquirida por menos de 500€ (por ejemplo, la Prusa i3), y una más avanzada por menos de 2000€. (Como Cubify 381000Lulzbot, o Ultimaker 2) El plástico para ella viene en bobinas y, aunque algunas marcas hacen lo imposible por replicar el negocio de los cartuchos de tinta para impresoras convencionales, es bastante asequible, del orden de 30€ el kilo (lo que se traduce en un montón de escenografía/miniaturas).

Una impresora SLA, además de ser por lo general más grande que una de FDM, puede costar entre 2000 y 6000€. Hay proyectos en Kickstarter que prometen precios del orden de 1000$ por la impresora sin proyector, o alrededor de 1800$ con él, pero por el momento ninguno ha producido resultados. El coste y aprovisionamiento de la resina también es un problema, ya que hay multitud de fórmulas, cada una de las cuales funciona con láseres de una longitud de onda y potencia determinadas. Esto, unido al secretismo de los fabricantes sobre las especificaciones de sus impresoras, hace muy difícil comprar resina a terceros proveedores para esquivar los precios abusivos del vendedor original. Para dar una idea, 250€ por kilo era un precio habitual hace unos años, aunque hoy día ha bajado a 150€/kg, y es previsible que siga esta tendencia.

 

Diseño de miniaturas y copyright

Es de todos sabido que Games Workshop defiende su propiedad intelectual con una ferocidad inusitada, y lo cierto es que tienen algunos motivos para ello, aún a pesar de que sus acciones a menudo dañan su imagen pública. La letra pequeña de la legislación se sale del ámbito de este artículo, pero es necesario mencionar que copiar miniaturas o elementos de escenografía creados por otras personas sin permiso puede ser ilegal si uno se lucra directa o indirectamente con ello. Igualmente, modificar algo creado por otra persona no nos libra de la ley, ya que una obra derivativa se rige por la misma licencia que el original, y suele requerir permiso del autor original para su uso.

 

Lo mejor que uno puede hacer es diseñar las cosas por sí mismo, usando un programa de diseño de código abierto (Freecad, Blender), u obtenerlas de sitios como Thingiverse, dedicados a compartir diseños para impresión 3D.

 

En conclusión…

En resumidas cuentas, aún es pronto para la impresión casera de miniaturas para wargames. Es posible que en unos años esto cambie, debido al abaratamiento de la electrónica de consumo, pero por el momento la maquinaria requerida está fuera del alcance de la mayoría de aficionados al hobby. Salvo los afortunados que tengan acceso a una impresora SLA en el trabajo o mediante contactos en una universidad, el precio es simplemente excesivo para el uso que tenemos en mente.

 

Si hablamos de elementos de escenografía, la cosa cambia. Incluso una impresora muy básica es capaz de producir puentes, muros, casas derruidas, barricadas, con un nivel de detalle suficiente,  incluso se puede aprovechar la rugosidad inherente a la impresión a modo de textura en algunos elementos.

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